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Reforma de la Ley de Tierras: qué cambia para los campos en la Patagonia

  • Foto del escritor: Areco Patagónico
    Areco Patagónico
  • hace 23 horas
  • 3 min de lectura

El Congreso argentino debate por estos días un proyecto que modifica la Ley de Tierras Rurales (26.737), la norma que desde 2011 limita cuánta tierra pueden comprar los extranjeros en el país. Para quienes operamos en el mercado inmobiliario rural, y especialmente en la Patagonia, no es un debate más: puede redefinir quién compra, cuánto y a qué precio.

La discusión llega en un momento particular. El precio de la tierra productiva en Argentina se ubica en máximos de catorce años, con campos agrícolas de primera calidad que rozan los US$20.000 por hectárea en la zona núcleo. En ese contexto, ampliar el universo de compradores habilitados no es un detalle técnico: es un potencial motor adicional de demanda.

En Areco Patagónico seguimos de cerca el tema porque afecta directamente a nuestros clientes: propietarios de campos y chacras que evalúan vender, e inversores que miran las tierras rurales como refugio de valor. Va un análisis de qué está en juego.


Reforma de la Ley de Tierras

Qué propone la Reforma de la Ley de Tierras

La ley vigente establece que los extranjeros no pueden superar el 15% de las tierras rurales del país, ni de cada provincia ni de cada municipio. Fija además un límite de 1.000 hectáreas por titular extranjero en la zona núcleo y prohíbe la compra de fracciones sobre cuerpos de agua permanentes, glaciares y áreas de frontera.

El proyecto de la Reforma de la Ley de Tierras -en debate- propone eliminar ese tope nacional del 15% y delegar la regulación en cada provincia. También quita el límite de 1.000 hectáreas y habilitaría la adquisición de nacientes y ojos de agua, hoy vedada a compradores del exterior. El argumento oficial es que la norma actual desalienta inversiones de gran escala, sobre todo en proyectos forestales, de riego y cultivos permanentes en el NEA, Cuyo y la Patagonia.

Por qué la Patagonia es la región más sensible al cambio

No es casualidad que la Patagonia aparezca en el centro de la discusión. Es la zona del país donde históricamente se concentró la inversión extranjera en tierras, atraída por grandes extensiones, recursos hídricos, potencial forestal y paisaje. También es donde el límite de frontera y la prohibición sobre cuerpos de agua tuvieron mayor peso práctico.

Si la reforma prospera, buena parte de las restricciones que hoy frenan operaciones de campos patagónicos con costa de río, lagos o nacientes quedaría en manos de cada provincia. Para Chubut, Río Negro y Neuquén eso abre un escenario nuevo: la posibilidad de fijar sus propias reglas y competir por capital que antes quedaba afuera. El reverso es que cada provincia también podría endurecer criterios, de modo que el resultado real no será uniforme en toda la región.

Precios en máximos: el otro factor de la ecuación

La reforma no llega a un mercado dormido. Según la Cámara Argentina de Inmobiliarias Rurales, el valor de la hectárea mostró firmeza durante el segundo semestre de 2025 y se sostiene en 2026. Los campos agrícolas de primera calidad se negocian en torno a los US$20.000 por hectárea, con operaciones puntuales que llegan a US$23.000 en los mejores suelos, mientras que los campos ganaderos rondan los US$4.000 y los mixtos se ubican entre US$4.000 y US$5.000.

Aun así, la tierra argentina sigue siendo comparativamente barata: una hectárea que acá cotiza hasta US$17.000 vale unos US$27.500 en Brasil y US$42.000 en Estados Unidos. Esa brecha es, justamente, lo que vuelve atractivo al campo argentino para el inversor externo, y lo que una apertura normativa podría empezar a cerrar.

Qué implica para propietarios e inversores

Para el propietario que evalúa vender, el mensaje es de oportunidad con matices. Más compradores habilitados y precios firmes juegan a favor, pero el efecto real dependerá de cómo legisle cada provincia y de los tiempos del Congreso. Anticiparse, con el campo bien documentado, mensurado y con una tasación realista, es lo que permite capturar una ventana favorable cuando aparece.

Para el inversor, la lectura es que las tierras rurales, y en particular las chacras y campos de la Patagonia, vuelven a ordenarse como activo de resguardo en un ciclo de mayor confianza. Comprar campo en Buenos Aires o invertir en tierras rurales patagónicas deja de ser una apuesta de nicho para volver a la conversación de la asignación de capital.

El desenlace de la reforma todavía es incierto, pero la dirección del mercado es clara: demanda en alza, precios firmes y un marco que tiende a abrirse. En Areco Patagónico acompañamos a propietarios que necesitan hacer líquida su fracción y a compradores que buscan campos y chacras con potencial productivo o recreativo en Buenos Aires y la Patagonia. Si estás pensando en vender tu campo o en sumar tierra a tu portafolio, es un buen momento para conversar. Escribinos y analizamos juntos tu caso.

 
 
 

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